Muestra Mamani Mamani, "La energía de los Andes” llega a Milán
BOLIVIA · CULTURA e SPETTACOLO · MILANO
Roberto Mamani Mamani, descendente de artistas de los Andes y de la América morena, irradió vida a través de sus colores en una mística muestra de arte andino presentada por primera vez en Milán los días 12, 13 y 14 de mayo. Porque la misión del artista boliviano de fama internacio
Roberto Mamani Mamani, descendente de artistas de los Andes y de la América morena, irradió vida a través de sus colores en una mística muestra de arte andino presentada por primera vez en Milán los días 12, 13 y 14 de mayo. Porque la misión del artista boliviano de fama internacional es universalizar la cultura de la identidad aymara. Y lo hará por donde caminarán sus colores.
Roberto,¿por qué pintas caballos azules? (Preguntan los alumnos al profesor)
Deben pintar el color que quieran. Porque van a ser sus caballos y serán únicos.
Como único es el estilo que identifica a Mamani Mamani en los depintos que mostró en los 28 lienzos expuestos en la inauguración de la muestra “La energía de los Andes”. Por unas horas, la sala de exposición dio vida al paisaje andino y se reencarnó en la Pachamama (madre tierra). Cada obra era un estallido de colores que atravesaba los sentidos de una Bolivia ardiente y primitiva. Un mundo artístico, que conmueve y revela, encantó a los visitantes y admiradores de Mamani con sus pinturas en acrílicos y pasteles que irradian las combinaciones del rojo, turqueza, violeta y naranja. Los colores de la tierra andina son la alegría de la vida como se ven en las telas que llevan sus mujeres, las cerámicas o la bandera Wiphala (símbolo étnico del pueblo aymara reconocido por el Estado Boliviano en la Constitución del 2008) .
“Gracias a su rebeldía india contra la visión occidental, Mamani es hoy quien es, manteniendo firme sus raíces de nacimiento quechua y sangre aymara”
“Mi abuela me decía que los colores fuertes servían para ahuyentar los malos espíritus y no quedarse en la oscuridad. Ella vivió en profunda armonía con el medio ambiente y siempre insistía en que había que respetar el equilibrio de la naturaleza”, contó Mamani.
Es el recuerdo enseñado y delegado al nieto por parte de una mujer que no hablaba español y que aún así se sentía felíz al ser una aymara profunda y lectora de la hoja de coca. LLegó así a los 80 años sin necesitar de un televisor ni de una computadora. Mamani, la evoca siempre.
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Gracias a su rebeldía india contra la visión occidental, Mamani es hoy quien es, manteniendo firme sus raíces de nacimiento quechua y sangre aymara; lo cual le permite conservar su autenticidad de hombre de montaña con una formación y educación brindada por los Andes.
“Decidí llevar mi apellido aymara repetitivo porque simboliza mi raza, mi reivindicación y el despertar del olvido, dejándo de lado el Roberto Mamani Flores como me bautizaron”